La política ficción de los gobernantes regionales ante la pobreza en Cusco

lunes, 20 junio, 2016

La política ficción de los gobernantes regionales ante la pobreza en Cusco

Escribe: Pavel H. Valer Bellota

A pesar del crecimiento económico del Perú la pobreza, que envuelve en su hábito espantoso a más de la mitad de nuestros llaqtamasis, es el problema más grande de Cusco. Pero no es igual en toda la región, mientras que en el distrito citadino de Wanchaq alcanza solo al 4%, las provincias de Chumbivilcas y Canas tienen índices alarmantes, allí de cada 10 personas 8 son pobres. Quienes más la sufren son los niños, las mujeres, los ancianos y, entre todos, las comunidades campesinas. Nuestra pobreza es rural e indígena. Y los jerarcas regionales han tenido poco éxito frente a ella.

La pobreza del campo ha persistido en el tiempo debido al diseño de dominación colonial. Con el nacimiento de la Republica peruana las nuevas elites, en busca de apoyo para su régimen, orientaron las políticas hacia el clientelismo de los caudillos asentados en Lima quienes, en alianza con los terratenientes de las capitales de provincia, implementaron un modelo político del cual fueron expulsadas las comunidades de indígenas. Este esquema dura hasta hoy.

La exclusión no ha logrado ser quebrada con ninguna de las políticas diseñadas por el Estado. La de sustitución de importaciones de los años 50 – 60 favoreció solo a las capitales. La reforma agraria repartió la tierra entre los campesinos pero los dejó solos frente al poder económico de las ciudades de tal manera que el campo, al vender sus productos baratos, terminó subsidiando a las urbes. El patrón ya no comió más de la pobreza de las comunidades, en cambio sí lo hicieron los segmentos acomodados citadinos.

En los 90, ante el fracaso de la intervención estatal en la economía, se impusieron las políticas neoliberales que prometieron terminar con la pobreza minimizando el Estado y dando  apoyo puntual a algunos productores individuales. Se priorizó la actividad privada en rubros no tradicionales más rentables, es decir en aquellos diferentes a la agricultura y la ganadería. Con esto se dio paso a la inversión en minería formal e informal. Se esperaba que estos capitales jalaran hacia adelante toda la economía rural: a más inversión más consumo de los productos locales. La experiencia de la provincia de Espinar, con 64% de su población actual bajo la pobreza, puede demostrar el fracaso de esas estrategias que han beneficiado solo a algunos sectores urbanos pero han continuado con la exclusión de la mayor parte rural de ciudadanos.

La lucha contra la pobreza no ha tenido mucho éxito por la pequeñez y la ineficacia de la inversión estatal. Así, en la Región Cusco rubros como educación, salud, calidad de la vivienda tienen índices deplorables y no hay una promoción importante de los productores locales. La norma de los señores es que no se debe dar mucho, a más de alguna dádiva de asistencia social que no ataca a las causas principales de la pobreza.

La escasez de inversión social sigue los diseños de exclusión colonial que la República no ha podido superar. Mientras mas diferente es la comunidad a las características del centro del poder, más es su pobreza. Mientras más indígena, más pobre. Y si a esto se le aumenta nuestra democracia de baja intensidad, que impide a los ciudadanos decidir sobre las políticas a aplicarse en su territorio, el caldo de la pobreza está servido.

Ahora ¿qué han hecho los gobernantes regionales para superar este gran problema? De las evidencias parece que poco y mal, la pobreza no ha disminuido de manera trascendente. El establishment del Cusco parece actuar en una especie de “política ficción”: la inauguración de alguna obrita, el anuncio de promesas de financiamiento producto de visitas rogativas a los ámbitos de poder limeño, repartir puestos y, sobre todo, priorizar la pantalla, el periódico, la radio. Actividad para mostrar y poco más.

El Gobierno Regional (y las municipalidades) deberían tomar otro rumbo para solucionar los problemas verdaderos. Su norte tendría que ser construir un modelo democrático para que los ciudadanos sean los actores en las decisiones que les afectan. La médula de todo proyecto de inversión debería ser la eliminación de la pobreza y la construcción de una democracia inclusiva e intercultural. Hace casi 200 años que no somos colonia ¿o… acaso sí?

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