Los sueños buenos de un alcalde fallido

martes, 28 junio, 2016

Los sueños buenos de un alcalde fallido

Escribe: Pavel H. Valer Bellota

Parecía un discurso de campaña, de esos para ganar votos en las elecciones municipales, salvo que ya van a ser casi dos años desde que asumió el cargo. Carlos Moscoso se esforzó en la sesión solemne por el mes jubilar del Cusco por parecer un novísimo candidato lleno de promesas frescas para la ciudad pero, al hacerlo fuera de tiempo y lugar, se mostró más bien como un alcalde fallido. Abundó en promesas y sueños pero escaseó en obras hechas que, en sabiduría popular, califican la bondad o el fracaso de un gobierno.

Entre las pocas que detalló se encuentra la construcción de escalinatas, veredas en ciertos barrios, el pavimento sobre alguna calle que antes manchaba de tierra los zapatos de los vecinos. Son alrededor de 30 trabajos de construcción civil, numero muy humilde para las necesidades de infraestructura para una vida digna reclamada por la mayor parte de los barrios cusqueños, imposibles de satisfacer debido al centralismo y el presupuesto municipal asignado al Cusco.

A pesar de esto sería injusto descalificar de plano y completamente su discurso, sin tomar en cuenta algunos detalles. Buena parte de los logros del alcalde se centran en aspectos culturales. El anuncio que la “Historia del Cusco” comenzará a enseñarse en los colegios es trascendental, por que la narración que se hace de ella actualmente es un detalle ocioso de hechos que presentan solo la visión de los dueños del Perú. Debemos conocer nuestra historia para hacer una historia verdaderamente nuestra, y el destaque de nuestro origen indiano será una espada que las nuevas generaciones dirigirán a hacer realidad las ilusiones del Ande y la Amazonía cusqueñas.

Otra parte destacable son las promesas a la Academia de la Lengua Quechua de cederle un local en la avenida El Sol y elaborar el expediente técnico para renovar su vetusta casa. Pero estos gestos son insuficientes, y se quedan solo en la anécdota, si no van acompañados de verdaderas acciones de planificación y política lingüísticas para la preservación de nuestro idioma, que la Municipalidad del Cusco debe liderar ante la inacción e inhabilidad de las Direcciones de Cultura y de Educación.

La cultura es un aspecto medular del desarrollo de los pueblos pero, para una gestión municipal plena y exitosa, es necesario que se muestren también logros concretos, metas alcanzadas del plan de gobierno. Parte del programa electoral del burgomaestre fueron grandes parques naturales para la ciudad del Cusco, la construcción de viviendas populares, la descontaminación del río Watanay, la solución del problema de la basura en la ciudad. No es necesaria una mirada muy acusada para predecir que no va a lograr gran parte de esos cometidos, aunque tal vez el convenio con la comunidad de Chocco para la preservación del paisaje de los cerros de la margen derecha pueda abonar a su favor.

Los sueños son buenos, sobretodo cuando ayudan a imaginar grandes proyectos como la implementación de un sistema de transporte masivo, de tranvías, de teleféricos o del Metro del Cusco. Para hacerlos realidad es imprescindible que la Municipalidad se ponga al frente de la defensa de la estación ferroviaria de Wanchaq para salvarla de la voracidad de un grupo empresarial –que la habría adquirido hace poco a solo dos dólares el metro cuadrado para construir allí un mall–. Esta propiedad del Estado, al estar ubicada en un lugar céntrico, correspondería ser destinada a un nodo moderno articulador del transporte público, debería reservarse a un pulmón verde para el desarrollo sostenible de la ciudad a favor de todos los ciudadanos, en lugar de servir solo para la ganancia de unos pocos inversionistas.

Pero no solo quimeras y proyectos requiere el bienestar ciudadano. El Cusco exige que el alcalde cumpla sus promesas electorales, que junte sus sueños con una gestión municipal eficaz, que conjugue las grandes ideas con un equipo profesional de gerentes y funcionarios preparados para desenvolverse bien, capaz de inspirar el cariño del pueblo para imponerse frente a las injusticias del centralismo y que sea hábil en conseguir financiamiento. Otra sería la situación si la gestión municipal alcanzara logros concretos, edificara obras físicas y espirituales, que fuera capaz de sentar las bases de nuestra libertad colectiva, de sembrar acero y también cultura, de procurar a nuestro pueblo el pan y la belleza.

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